Hace algunos años, trabajando por cuenta ajena en una agencia, me llegó un email al buzón de adaptarwebamovil.com que me dejó congelado.
Era de una fábrica de aceites. Una de las grandes de España. Una de esas que ves en el supermercado y dices "ah, esa marca". Pedían presupuesto para adaptar su web a dispositivos móviles.
Lo leí dos veces. Tres.
Y no supe qué hacer.
Te cuento por qué, y de paso te cuento cómo me metí yo en el SEO.
2010: leyendo PDFs de Google como quien lee a Stephen King
Esto va a sonar a mentira.
Sobre 2010, 2011, 2012, yo me leía los PDFs que Google publicaba sobre optimización para motores de búsqueda. Esos tochos de 50 páginas que se llamaban Guía de iniciación al SEO o algo parecido.
Me los leía enteros.
No es coña. Prefería leerme un PDF de Google que ver una serie. Cualquiera de mi generación que esté leyendo esto sabe que aquella época era el lejano oeste — no había Semrush, no había Ahrefs como lo conocemos, los blogs en español sobre SEO se contaban con los dedos de una mano. Si querías aprender, te leías a Google directamente.
Y yo me lo leía. Y me gustaba.
Mis amigos ya por entonces me miraban raro. "¿Pero a ti qué te pasa con eso, Diego?". Y yo no sabía explicarlo. Me parecía un puzzle bonito. Un trozo de internet que la mayoría de la gente ignoraba pero que movía millones de euros sin que se notara.
Pues eso era lo que me molaba.
2013-2014: Google empieza a mover ficha con el móvil
Por aquella época salió una noticia que cambió bastante las cosas.
Google llevaba años avisando: el móvil iba a ser cada vez más importante. La gente buscaba más desde el móvil que desde el ordenador. Y Google quería que las webs estuvieran preparadas para eso. Si no lo estaban, las iba a penalizar.
Lo dijo varias veces. Lo dijo en blogs, en conferencias, en posts oficiales. Y la mayoría de las webs españolas, ni caso. Seguían pareciendo cuadernos cuadriculados al abrirlas desde un iPhone.
Yo veía aquello y pensaba: "Esto va a ser una hostia gorda en cuanto Google de el siguiente paso".
A principios de 2015, dieron el siguiente paso.
Anunciaron oficialmente que el 21 de abril de 2015 lanzarían un update — al que la prensa especializada bautizó como Mobilegeddon — que iba a penalizar en buscador móvil a todas las webs que no fueran mobile-friendly. Tenías unas semanas para arreglarlo.
Y a mí se me encendió una bombilla.
Mobilegeddon era una de esas oportunidades que solo aparecen cuando Google pega un puñetazo en la mesa. Y esta era de las grandes.
Adaptarwebamovil.com
Fue probablemente la cosa más rápida que he hecho en mi vida.
En un fin de semana monté adaptarwebamovil.com. Un dominio que ahora ya no existe, pero del que conservo el pantallazo:

Headline brutal — "Google anuncia: Si su web no está adaptada a dispositivos móviles el 21 de abril, será sancionada y perderá posicionamiento". Subtítulo: "Revisamos gratis si su web cumple los requisitos y le ofrecemos soluciones". Botón gigante: "¿Qué puedo hacer?".
Era todo un poco cutre, lo reconozco. La maqueté yo en HTML/CSS y se notaba que la había hecho un SEO, no un diseñador. Pero tenía dos cosas que sí estaban bien: una promesa clarísima y un call to action concreto.
Y lo más importante: estaba optimizada al milímetro para todas las búsquedas relacionadas. "Adaptar web a móvil", "web responsive precio", "adaptar web mobile friendly", todas las variantes que se te ocurran.
Pasó lo que tenía que pasar.
En tres semanas, la web estaba en top 3 para casi todas esas keywords. La gente buscaba con miedo ("me van a penalizar el 21 de abril") y aterrizaba en mi landing.
Empezaron a llegarme presupuestos.
La fábrica de aceite
El primer presupuesto que me llegó — y vuelvo al inicio del post — fue de una fábrica grande de aceite. No te voy a decir cuál porque, ya sabes, el respeto.
Pero te puedo decir que cuando vi el dominio, se me quedó la cara como cuando metes la mano en el congelador.
Era una empresa enorme. Facturación de millones. La clase de cliente con el que tu agencia normal lleva dos años haciendo cold mailing para conseguir una reunión.
Y a mí me llegó por el formulario de una landing cutre que monté un sábado por la tarde.
Una empresa que factura millones pidiendo presupuesto por una landing que monté un sábado por la tarde.
Y aquí es donde la cosa se tuerce.
Parálisis por análisis del bueno
Lo que pasó después, lo cuento ahora con perspectiva.
Yo trabajaba por cuenta ajena en una agencia. Cobraba mi sueldo a final de mes. Tenía mis tareas. Tenía mi café. Tenía mi rutina.
Ni siquiera era autónomo. No sabía hacer una factura. No sabía cómo se firmaba un contrato con una empresa grande. No tenía ni idea de qué precio poner. ¿1.000€? ¿5.000€? ¿20.000€? Cualquier cifra que se me ocurría me parecía o demasiado poco o demasiado mucho.
Y la fábrica de aceite no era el único contacto. Detrás venían más. Pequeñas empresas, medianas, agencias que querían subcontratarme, alguna pyme grande.
Yo miraba la bandeja de entrada como quien mira el coche del vecino. Bonito. Caro. No mío.
Me bloqueé.
No es que dijera "no, paso". No tomé esa decisión. Lo que pasó es que fui dejándolo pasar. Hoy contesto mañana. Mañana contesto pasado. Pasado se me acumula otro y ahora tengo que contestar dos. La semana siguiente ya son cinco y ya da pereza. Y al final, ni uno.
A aquello hoy lo llamarían "síndrome del impostor". Yo entonces no sabía cómo se llamaba. Solo sabía que cada vez que abría el email, sentía un peso en el estómago.
Lo que sí aprendí (aunque tardé en darme cuenta)
Es muy fácil mirar hacia atrás y decir "qué tonto fui".
Pero la verdad es que de aquella experiencia me llevé tres aprendizajes que han marcado todo lo que vino después:
1. Sabía hacer SEO. De verdad. No era un farol. Posicioné keywords competidas con una web que monté un fin de semana, sin presupuesto, sin contactos, sin nada. Eso me dio una confianza técnica que sigue conmigo.
2. Saber SEO no es saber hacer negocio. El SEO técnico era el 30% del trabajo. El otro 70% — saber recibir un lead, valorarlo, cualificarlo, presupuestarlo, cerrarlo, cobrarlo — yo no tenía ni idea. Y no haberlo aprendido a tiempo me costó caro.
3. La oportunidad no llama dos veces igual. Aquella ola del Mobilegeddon de 2015 no se ha vuelto a repetir tal cual. Cada update de Google trae oportunidades distintas, sí, pero esa ventana concreta — "todas las webs de España hay que adaptarlas YA" — fue una vez.
Y la dejé pasar.
Sabía hacer SEO. Pero saber SEO no era saber hacer negocio. Y esa diferencia me costó dos años.
Dos años más, hasta que dije basta
Pasaron dos años desde aquello.
Dos años en los que seguí trabajando por cuenta ajena, mirando de reojo a otros que se lanzaron en aquel mismo momento y construyeron negocios SEO que aún hoy facturan bien.
Dos años en los que aprendí lo que no había aprendido antes: a hacer una factura, a presupuestar, a llevar clientes, a decir que no, a decir que sí pero por más dinero, a perder el miedo a la pantalla del email.
Y al cabo de esos dos años, dejé la agencia y me lancé.
No fue épico. No hubo decisión heroica. Lo que hubo fue un día normal, un café, una conversación con mi mujer en la cocina, y un "vale, lo hago".
Y aquí estoy.
Por qué te cuento todo esto
Te lo cuento por dos razones.
La primera, porque a veces hace falta ponerle nombre a las cosas. Si tú estás ahora en una agencia, viendo que tienes capacidad técnica de sobra y le das vueltas a saltar pero no te atreves — esto que te cuento es muy normal. No te pasa solo a ti. Yo ya pasé por ahí. La gran mayoría de los que conocí en la profesión también.
La segunda — y aquí va la cosa "comercial" del post, breve y casi disculpándome — si te pasa eso, tengo dos cosas que decirte:
Una: no esperes dos años como yo. La parálisis se cura haciendo, no leyendo libros sobre cómo curarla.
Dos: si en algún momento te apetece hablar con alguien que ya pasó por ahí, aquí me dejas un mensaje y nos tomamos un café virtual. Sin compromiso, sin agenda, sin pitch. Solo charla de profesional a profesional.
Y si lo que estás buscando no es eso sino un consultor que te ayude con el SEO de tu propio negocio, tienes mis servicios de consultoría aquí.
La fábrica de aceite, doce años después
A veces pienso en aquella fábrica de aceite y me pregunto si seguirán teniendo problemas con el SEO de su web.
Probablemente no — habrán contratado a alguna agencia grande de Madrid que les habrá cobrado bien y les habrá hecho un trabajo decente. O habrán contratado a un junior por barato y les habrá hecho un trabajo regulín. Una de las dos.
Pero el lead lo tuve yo primero.
Lo dejé pasar. Y me sirvió para entender que el negocio no va solo de saber. Va de saber, y además de moverte.
Pues eso. Si has llegado hasta aquí, gracias por leerme.
Un saludo, Diego
P.D. — Si tienes guardado por ahí algún dominio antiguo que ya no usas pero que en su día te trajo trabajo, no lo borres. Ni siquiera lo apuntes en el calendario para renovarlo. Solo no lo borres. Algún día te servirá para escribir un post como este, y eso ya vale los 12€ del .com.
¿Hablamos de tu proyecto?
Cuéntame tu situación y te digo qué haría yo. Si encaja, hablamos. Si no, también te lo digo.
Hablemos, si gustas