Este año dije que no a tres clientes. A ninguno le cobré ni un euro. Y fue de las mejores decisiones que tomé.
No lo digo para parecer interesante. Lo digo porque los tres casos me enseñaron algo que llevo tiempo queriendo escribir: hay conversaciones donde la respuesta correcta no es "cuándo empezamos" sino "esto no va a funcionar". Y aprenderlo antes de firmar nada vale más que cualquier contrato.
Aquí están los tres.
El dentista y las garantías imposibles
Hace unos meses me llamó un dentista bastante conocido en Asturias. Buen negocio, buenas reseñas, clínica con varios años de historia. Me dijo que quería mejorar su posicionamiento en Google y que estaba evaluando opciones.
Hasta ahí, todo normal.
Luego me dijo esto: que la agencia con la que había hablado antes le garantizaba el top 1.
Le pregunté que cómo lo garantizaban.
"No sé los detalles técnicos, pero lo garantizaban en el contrato."
Le hice la pregunta que me pareció más obvia: "¿Y si mañana otro dentista de Asturias entra en esa misma agencia y también le garantizan el top 1? ¿Qué pasa entonces? Porque en el top 1 solo cabe uno. Siempre ha habido uno. Es lo que significa 'el primero'."
Silencio al otro lado.
"Bueno, supongo que tienen métodos..."
Ahí fue cuando entendí que la conversación no tenía recorrido. No porque el dentista fuera tonto — al contrario, era un empresario serio. Era porque alguien le había vendido algo imposible, él lo había comprado emocionalmente, y yo iba a ser el aguafiestas que llegaba a decirle que eso no existe.
Le expliqué lo que hay. Que el posicionamiento en Google no es un interruptor que alguien controla. Que lo que yo garantizo es hacer bien el trabajo — análisis técnico, contenido relevante, autoridad construida mes a mes — y que con eso los resultados llegan. Pero la posición exacta no la controla nadie que trabaje de forma honesta.
No me contrató. Creo que acabó con la otra agencia.
Lo que no sé es cómo acabó esa historia. Lo que sí sé es que yo no quería estar en medio de ella.
El abogado de Oviedo y los 150 euros
Un abogado de Oviedo me escribió por email con un encargo muy concreto: quería aparecer en el top 1 de Google para la keyword "abogados Oviedo".
Si no conoces el sector legal en buscadores, te digo lo que hay: "abogados Oviedo" es una de las palabras clave más competidas del mercado local asturiano. Despachos con años de historial de dominio, webs con cientos de páginas de contenido legal, bufetes con presupuestos de marketing que cuadruplicarían lo que mueve una pyme normal. No es una pelea fácil ni rápida.
Su presupuesto mensual: 150 euros.
No es una crítica al abogado. 150 euros al mes es lo que puede invertir mucha gente cuando empieza. El problema no era el número — era la desconexión entre lo que pedía conseguir y lo que ese número permite hacer.
Para "abogados Oviedo" necesitas, como mínimo: una web técnicamente sana, un volumen sostenido de contenido legal especializado, una estrategia de enlaces que lleve meses construyéndose, y tiempo. Con 150 euros al mes no puedes ni cubrir las horas de trabajo mínimas para mover esa aguja. Lo que obtienes a cambio es muy poco trabajo cada mes, resultados invisibles durante mucho tiempo, y finalmente la sensación de que el SEO "no funciona".
Le dije exactamente eso.
Le expliqué también lo que sí podía hacer con 150 euros o menos: Google Business Profile optimizado de verdad — que para un abogado local tiene más impacto inmediato que meses de SEO orgánico — más el alta en los principales directorios jurídicos. Eso no lo lleva al top 1 para "abogados Oviedo", pero sí mueve la aguja en búsquedas de proximidad que son las que realmente convierten para un despacho local.
No me contrató. No esperaba que lo hiciera.
Pero tampoco cobré 150 euros al mes por hacer un trabajo que no iba a tener impacto. Eso habría sido lo peor que podría haberle hecho.
El que llegó con su propia estrategia
Este tercer caso es un compuesto de varias conversaciones parecidas que he tenido a lo largo de los años.
El patrón es siempre el mismo.
Alguien ha pasado los últimos meses viendo vídeos de YouTube sobre SEO, leyendo blogs, quizás haciendo algún curso online. Llega a la primera reunión con energía, con ideas y con una carpeta mental de "cosas que hay que hacer". En algún momento de la conversación dice una frase como: "Yo creo que lo que necesito es esto, y esto, y esto otro — ¿puedes encargarte de ejecutarlo?"
No es mala intención. Es entusiasmo. Pero hay un problema de fondo: si tú ya sabes lo que hay que hacer, lo que necesitas no es un consultor. Lo que necesitas es alguien que ejecute tus instrucciones.
Y eso, con todo el respeto del mundo, no soy yo.
Un consultor no está para ejecutar estrategias ajenas. Está para construir la estrategia con los datos reales de tu web, tu sector y tu competencia, y para tomar decisiones cuando los datos no cuadran con la teoría. Si cada decisión tiene que pasar por un debate de "pero yo leí que...", el trabajo se convierte en una negociación permanente donde el que pierde siempre soy yo: si funciona, era la idea del cliente; si falla, era culpa mía.
En esos casos lo que hago es proponer una auditoría con entregable: yo analizo, te explico lo que veo y lo que hay que hacer, y tú decides si quieres seguir o implementarlo por tu cuenta. Sin continuidad, sin compromiso de meses.
La mayoría no acepta eso. Que es, en sí mismo, la respuesta.
Por qué decir no es parte del trabajo
Los tres rechazos tienen cosas en común.
En los tres casos, si hubiera dicho que sí, la relación hubiera acabado mal. El dentista habría esperado el top 1 que nadie puede garantizar. El abogado habría visto los 150 euros desaparecer mes a mes sin resultados visibles. El del tercero habría cuestionado cada paso hasta que la tensión hubiera hecho inviable el trabajo.
Y en los tres casos, yo habría cobrado sabiendo que estaba en una situación que no iba a funcionar.
No lo hice.
No porque me sobraran los clientes ni porque fuera un lujo que podía permitirme. Lo hice porque aceptar trabajo mal encajado no solo sale caro en tiempo y energía — sale caro en reputación. Un cliente que acaba frustrado, aunque la frustración no sea culpa tuya, no habla bien de ti. Y tiene toda la razón: si aceptaste el encargo sabiendo que había problemas, la responsabilidad es tuya.
La selección no es arrogancia. Es parte de hacer bien el trabajo.
Si estás buscando un consultor SEO en Asturias que te diga lo que quieres escuchar, probablemente no soy la persona. Si buscas uno que te diga lo que hay y trabaje desde ahí, cuéntame tu caso aquí.
Y si tienes dudas sobre lo que cuesta realmente posicionarte o qué es lo que tiene sentido para tu negocio, también hay sitio para eso en esa misma conversación.
Preguntas frecuentes
¿Puede una agencia SEO garantizar el posicionamiento número 1 en Google?
¿Con 150€ al mes se puede hacer SEO para una keyword competida?
¿Cómo sé si un cliente va a ser problemático antes de empezar a trabajar?
¿Por qué un consultor SEO rechaza clientes si necesita facturar?
¿Qué hacer si tu presupuesto es bajo pero necesitas aparecer en Google?
¿Hablamos de tu proyecto?
Cuéntame tu situación y te digo qué haría yo. Si encaja, hablamos. Si no, también te lo digo.
Hablemos, si gustas
