Mi primera charla de SEO fue al lado de un Messi de la oratoria. Esto es lo que aprendí

Diego Fresno, consultor de marketing digital en Gijón, en una foto del Edificio Cristasa

Aquellos meetups eran en una sala prestada del Edificio Cristasa, en Gijón. Un proyector que a veces fallaba y un micrófono que rezabas porque no se acoplara.

La primera vez que tuve que subir, conté 47 personas. Lo recuerdo porque las conté dos veces. Una para asegurarme. La segunda para confirmar que no me había equivocado. Habíamos previsto la mitad.

No estaba mal preparado. Llevaba tres semanas dando vueltas a las diapositivas. El tema lo dominaba — era lo que hacía cada día para los clientes. Lo que no había hecho nunca era contárselo a 47 personas a la vez.

El monstruo en la cabeza

Los 30 segundos antes de que la luz de sala bajara, mi cabeza era esto:

¿Y si me preguntan algo que no sé?

¿Y si digo algo que no es 100% real y hay algún matiz en el que estoy equivocado?

¿Y si me quedo en blanco?

Eran las tres preguntas que se repetían en bucle. No tenía respuesta para ninguna de las tres. Solo tenía un guion que repasé tantas veces que me lo sabía hacia atrás.

Curiosamente, mi cuerpo conocía esa sensación. La había vivido cientos de veces. En otro contexto.

El paralelismo de la batería

Toqué la batería durante quince años en dos grupos de punk pop. Cuando das un concierto, los nervios antes son brutales. Los cinco minutos antes de salir al escenario sudas frío. Repasas la setlist. Compruebas que las baquetas estén en su sitio.

Y luego sales.

El primer compás. El primer redoble. Y todo se calma.

No es valentía. Es que el cerebro deja de tener tiempo para tener miedo, porque está ocupado tocando. La adrenalina deja paso a la atención. Y de repente estás dentro, no fuera.

Sabía que con las charlas iba a pasar exactamente igual. Pero saberlo no quitaba los nervios antes.

El monstruo extra: Álvaro

Co-organizaba el meetup con Álvaro Sánchez, de Gente Invencible. Álvaro es una de las personas que más sabe de SEO que conozco. Eso no era el problema.

El problema era otro: Álvaro estaba en Toastmasters. Si no sabes lo que es, te explico: es una asociación internacional donde la gente va a aprender a hablar en público. Practican. Reciben feedback. Mejoran. Algunos llevan años. Álvaro era uno de esos.

Cuando le tocaba hablar a él, era como ver a un profesional. Cadencia controlada, pausas estudiadas, gestualidad medida. Una clase de oratoria.

Cuando me tocaba hablar a mí, era como cuando un equipo de fútbol regional sustituye a su delantero — y entra Messi al campo en el descanso.

Yo era el equipo regional. Álvaro era Messi.

El monstruo gordo: Isra Bravo en el público

Y por si la cosa no era suficientemente complicada, a veces, entre el público, estaba Isra Bravo.

Sí, ese. El que hoy es referencia del copywriting en español. En aquella época vivía en Gijón y aparecía por algunas charlas como asistente. No era todavía el fenómeno que es ahora, pero ya tenía nombre. Y los que estábamos en el sector lo sabíamos.

Así que el escenario olía a esto:

  • Yo, hablando de SEO con el sudor por la espalda.
  • Álvaro, al lado, listo para explicarte cualquier cosa con la cadencia de un actor.
  • Isra Bravo, en la cuarta fila, oyéndome contar a 40 personas cómo hacer un keyword research.

Si no es síndrome del impostor en estado puro, no sé qué es.

Lo que hice (y que ahora explico mejor de lo que entendía entonces)

Tenía dos opciones.

Opción A: intentar estar a la altura. Mejorar mi oratoria. Estructurar el discurso como Álvaro. Usar las técnicas que él usaba. Sonar más profesional, más medido, más experto. Competir.

Opción B: aceptar que no iba a sonar como Álvaro nunca. Y enfocar mi tiempo de preparación en otra cosa.

Elegí la B. Más por instinto que por estrategia, la verdad. Pero funcionó.

Lo que hice fue bajar a tierra. Quité los tecnicismos cuando podía. Si la palabra "renderizado" se podía sustituir por "cómo se dibuja la web en el navegador", la sustituía. Si "passage-level chunking" se podía explicar como "trocear el contenido en pasajes citables", lo explicaba así. Le hablaba a la gente como si fuera mi madre la que estaba escuchando.

No era mejor que Álvaro hablando. Pero era yo hablando.

Y resulta que mucha gente en la sala estaba allí precisamente para entender SEO. Bajar a tierra me ayudaba a mí a quitarme presión, y a ellos a que los conceptos cuajaran. Funcionaba en los dos sentidos.

Al final de varias charlas vino gente a decirme cosas tipo "oye, se entiende todo, qué bien lo cuentas, me has aclarado lo de los redirects". Y yo pensaba: "Pero si me he saltado la mitad de las cosas que tenía pensado contar...". Resulta que lo importante no era contar todo, era contar lo justo, claro.

El cruce con el SEO (que es por lo que cuento esto)

Aquellos meetups acabaron en 2020. La pandemia se los cargó. Pero el síndrome del impostor que me apretaba al subir al escenario no se quedó allí.

Aparece cada vez que un cliente nuevo me pregunta algo en la primera reunión.

  • "Diego, ¿qué piensas del último update de Google?" — y la verdad es que aún no lo he analizado a fondo, lo leí por encima ayer.
  • "¿Es buena idea usar IA generativa para crear contenido?" — depende, no hay respuesta de una línea.
  • "Mi anterior agencia me dijo que el SEO técnico ya no importa tanto. ¿Es así?" — depende lo que entiendan por SEO técnico, etc.

En esos momentos, el mismo monstruo de la cabeza me visita: "¿y si digo algo y resulta que no es del todo verdad?". La diferencia es que ahora ya tengo la respuesta que aprendí en aquellos escenarios.

El antídoto al síndrome del impostor en SEO no es saber más. Es encontrar tu voz.

No vas a ser el más técnico del mundo. Siempre habrá alguien con más datos, más clientes, más casos, más herramientas. La carrera por "saber más que nadie" no la ganas nunca, porque el SEO cambia todas las semanas.

Lo que sí puedes hacer es:

  • Decir "no lo sé" cuando no lo sabes, en lugar de inventar para parecer experto. Cobra credibilidad cada vez que lo haces.
  • Centrarte en aplicar bien lo que sabes al cliente concreto que tienes delante, no al cliente teórico que las plantillas asumen.
  • Hablar el idioma del cliente, no el del gurú de Twitter. Si tienes que decir "presupuesto de rastreo" en lugar de "crawl budget", dilo. Si hay que explicar qué es un canonical en términos de "qué versión es la oficial", hazlo.
  • Aceptar que vas a estar siempre actualizándote. El SEO no es una carrera, es una rutina.

Esto vale para cuando das una charla. Vale para cuando te sientas con un cliente nuevo. Vale para cuando te enfrentas a un proyecto que no has hecho exactamente igual antes.

La lección que me llevé de aquel escenario

Si te quedas con una sola cosa de este post, que sea esta:

Cuando estás rodeado de gente mucho mejor que tú en lo que crees que importa, hay dos opciones: paralizarte intentando estar a su altura, o aceptar que no vas a estar y enfocarte en lo único que sí puedes controlar — ser tú.

Álvaro tenía mejor oratoria. Isra Bravo tenía mejor pluma (eso sigue siendo verdad hoy). Yo tenía a mi cliente real de Asturias en la cabeza y la capacidad de hablarle como si estuviera en una mesa de bar.

Y eso era lo que mi audiencia necesitaba aquel día. Le hablaba a alguien que tenía una tienda en Cimadevilla y quería entender por qué su web no aparecía en Google.

Si te dedicas al SEO o estás pensando en dedicarte y te frena este miedo — el mismo, el de "no soy lo suficientemente bueno" — la salida no es entrenarte hasta ser mejor que el mejor. Es encontrar para qué cliente concreto eres tú la persona indicada y hablarle exactamente como necesita.

Si te interesa cómo trabajo el SEO de forma directa, sin capas de gestión, mira la página de consultor SEO en Asturias. Y si quieres ver más sobre cómo me metí en este mundo, aquí cuento la historia de cuando dejé escapar a la fábrica de aceite que iba a cambiarme la vida.

Sobre las charlas y la comunidad — los vídeos del Gijón SEO Meetup, las otras charlas profesionales y todo lo que va saliendo — lo voy juntando en mi página de Sobre mí. Esa sección crece cada vez que aparece algo nuevo.

Un saludo. Y si tienes que dar una charla pronto y te apetece comentarla con alguien que ya pasó por el sudor frío, ya sabes dónde encontrarme.

Preguntas frecuentes

¿Cómo se prepara una charla de SEO sin saberlo todo del tema?
No se prepara desde el conocimiento total — eso no existe en SEO. Se prepara desde la honestidad: pensar qué le pasa al asistente medio que viene, qué dolores tiene, y dar las dos o tres ideas que pueden ayudarle de verdad. Si alguien pregunta algo que no sé, lo digo. Esa honestidad construye más autoridad que fingir saberlo todo.
¿Qué hago cuando un cliente me pregunta algo de SEO que no sé en ese momento?
Lo digo. 'No lo sé seguro, déjame mirarlo y te respondo en 24 horas con la respuesta verificada'. Es el contrario del instinto (decir cualquier cosa rápido para parecer experto). Pero a medio plazo construye la confianza que hace que el cliente se quede contigo dos años en lugar de seis meses.
¿Tiene sentido dar charlas gratuitas como estrategia para crecer como consultor?
Sí, si te sirven a ti tanto como al público. Dar charlas te obliga a estructurar lo que sabes, te enseña qué preguntas tiene la gente de verdad (distinto de las que tú crees que tienen), te conecta con asistentes que pueden ser clientes o referidos en el futuro. Pero si las das solo para 'captar clientes' se nota y no funciona.
¿Por qué los consultores SEO tenemos tanto síndrome del impostor?
Porque el SEO cambia constantemente. Lo que era verdad hace dos años hoy no lo es. Siempre hay alguien con más datos, más clientes, más casos, más herramientas. Nunca sabes el 100% de tu campo. El antídoto no es saber más — es aceptar que vas a estar siempre actualizándote y enfocar tu valor en cómo aplicas lo que sabes al cliente concreto que tienes delante.

¿Hablamos de tu proyecto?

Cuéntame tu situación y te digo qué haría yo. Si encaja, hablamos. Si no, también te lo digo.

Hablemos, si gustas